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Constitución, crisis y corrupción.

Decía Rajoy ayer que el problema de la crisis del Pacto de gobierno en Baleares era “la unión de un sinfín de partidos sin proyecto común”. Obviaba que el problema principal es la cascada de imputaciones a dirigentes de UM achacables todas a la época en que gobernaban con el PP, quienes a su vez tienen un sinfín de imputaciones, causas e incluso sentencias condenatorias derivadas de la forma de gobernar en la pasada legislatura.
Y ese, el de la corrupción, es el problema.

NO puede ser objetivo de la actividad política el enriquecimiento personal.
La actividad política se basa en el servicio público, y quien no lo entienda así que busque en la empresa privada su deseado enriquecimiento, si es lícito, claro, aunque a veces me pueda parecer inmoral.
Quien llega a la política, ha de saber que no es su ganancia individual la que ha de guiar su trabajo y sus decisiones. Es el bien público, y nada más. Y me rebelo contra quienes piensen que sólo hay políticos que buscan enriquecerse y punto. Precisamente éstos son lo que sobran. El resto, la gran mayoría, ennoblecen una actividad denostada ahora por quienes han hecho y hacen un uso perverso de ella y por quienes quieren extender esa sensación. La sensación de que política y corrupción son consustanciales.
El dinero público es sagrado, porque es de todos.
No a la corrupción ni a quienes la intentan justificar.
No a quienes ponen en solfa al sistema democrático dudando también de las decisiones de la justicia.
Ése es un peligro muy serio.
Sumemos corrupción y dudas sobre nuestros policías, fiscales y jueces, y tendremos la predescomposición del sistema democrático, y el resultado será que volverán a ganar los mismos.

Volverán a ganar los que ganaban antes de que entre todos nos diéramos la Constitución hace 31 años.

Publicado en crisis.

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