
Leíamos ayer que este verano han venido 85.000 turistas menos a Calvià, concretamente a la zona de Palmanova – Magaluf . Una reducción del 17% en un año.
Es decir, no sólo nuestras temporadas bajas son cada vez más largas, sino que las altas son ahora también menos rentables para todos.
Está claro que nuestro modelo productivo está absolutamente ligado al turismo. Por tanto, necesitamos cuidar nuestra principal fuente de actividad económica si no queremos llegar a ser el esqueleto de un gigante.
Y lo estamos viendo ahora, cuando coinciden por un lado un descenso de la demanda por la crisis internacional, y por otro un aumento de la oferta por la pujanza de otros mercados emisores. En los próximos años, sólo los más competitivos en calidad, diversidad y concepto global de la oferta turística, serán capaces de mantener su actividad. El turista no sólo quiere ya un buen hotel, quiere también un entorno natural protegido y un entorno urbano cuidado, una oferta complementaria de calidad a un precio razonable, y una atención profesional y amable.
Por tanto las soluciones vendrán de la suma de voluntades de todos los involucrados en los diferentes sectores de la actividad turística. Resulta absolutamente necesario para ello el liderazgo de la administración más próxima, la municipal, para tramar estrategias comunes entre tour operadores, hoteleros, comerciantes, autónomos y trabajadores. Estrategias que permitan que esa idea de oferta global de calidad y competitiva sea una realidad capaz de atraer al turismo del siglo 21.
Cuando a un pueblo se le enferma su principal empresa, la fuente principal de actividad económica, puede esperar a que se cure sola, con el riesgo evidente de que se debilite de manera irremediable, o puede decidir sumar esfuerzos, aunar voluntades y trazar una estrategia común que permita ganar a todos, aunque sea ganando algo menos.
Yo estoy convencido de que el futuro de Calvià pasa por esta segunda opción.


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