“A veces uno elige de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado”. (Leonard Cohen)

Estuve ayer en la manifestación en contra de la corrupción política con un numeroso grupo de amigos y amigas, y según la organización, con 8.000 ciudadan@s más.
Creo absolutamente necesarios los movimientos ciudadanos capaces de aglutinarnos, de juntarnos más allá de partidos políticos, para que se visualice el hastío y el desprecio que los corruptos nos provocan, y para que se oiga de forma contundente nuestra denuncia a aquellos que han utilizado lo público, lo de todos, con absoluta desvergüenza y con ansias deleznables de enriquecimiento personal.
Me indignan y me asquean cada uno de los casos de corrupción que hemos conocido en esta legislatura, que no es la de la corrupción, sino la de la persecución incansable de la corrupción.
Me asquean quienes meten en su bolsillo los recursos que la ciudadanía, con esfuerzos evidentes, se da a sí misma para buscar la cohesión social, para mejorar sus servicios educativos, sanitarios, sociales, para construir unas condiciones de vida cada vez mejores.
Y me indigna que ahora quieran convencernos estos mismos, o sus amigos, que es cosa de la condición política, como si fuera una fatalidad que debiéramos asumir. Nada de eso! No todos somos así: hay infinidad de personas que dedican su tiempo a la acción política de una manera noble y honrada.
Pero con esta teoría del “todos son iguales”, acompañada de manera perversa con la idea de que las actuaciones del sistema judicial contra los corruptos son manejos políticos, buscan confundirlo todo. Buscan justificar la injustificable, diciendo primero que todos lo hacen y después que hay una campaña judicial en su contra. Y esa mezcla, si cala hondo, irá descomponiendo nuestro sistema democrático.
Miren, en primer lugar no roben, en segundo lugar no pongan el ventilador como defensa, mezclándolo todo con intención de confundir, y por último no intenten convencernos de que la culpa es de los jueces y fiscales que les denuncian, porque están manejados por el gobierno de turno. Defiéndanse, y si son culpables, devuelvan lo robado y paguen por ello.
Y mientras tanto, los demás hemos de hacer algo. La política ha de ganar en transparencia para que la opinión pública no abandone definitivamente a su clase política.
Como por desgracia no es suficiente la ética personal, que debería serlo, necesitamos proponer ya no sólo los controles necesarios para que estos abusos no sucedan, no sólo hacer públicas las declaraciones de renta y patrimonio de los políticos durante los años de gobierno y después, sino que necesitamos nuevas fórmulas y estrategias de participación ciudadana que hagan absolutamente transparentes las decisiones tomadas.
Cómo abrir a la participación ciudadana los procesos de decisiones, los controles de las contrataciones, la elaboración de los propios presupuestos, las decisiones que se toman con consecuencias irreversibles, cómo organizar esta participación, debería ser nuestra preocupación actual.
La nueva sociedad necesita sentirse parte activa más allá de una vez cada 4 años. Necesita que le demos la oportunidad de conocer los procesos, las dificultades de la gestión pública, y las presupuestarias. Necesita, en fin, volver a creer en su clase política.


Creo que por encima del pasado debe estar el futuro, y es en eso en lo que se debe trabajar. Tus propuestas de investigar y diseñar en los campos de la transparencia y la participación me parecen esenciales como motores de cambio
Hay que pensar una nueva forma de hacer política, la actual está obsoleta. Son más importantes los principios individuales de la persona, que el color político que representa, pero claro está, eso no basta. Hay que dejar de lado las acciones de los demás políticos, buenas o malas, y centrarse en las acciones propias. Tenemos que valorar a los políticos por cómo son, no por lo que nos dícen que son, y sobre todo, tener principios. En fin, buena suerte Alfonoso.
Alfonso, de lo que has escrito hasta ahora, para mí lo mejor, hay una frase muy buena que resalta, ( y si son culpables que devuelvan lo rabado, y paguen por ello) y si me lo permites añadiría, ( y si no lo devuelven, que sigan en la cárcel) me parece demencial que el tal Roldán, desde hace unos días se pasee por zaragoza, sin haber devuelto lo que robó.
Ahora el poder político está en los ciudadanos, no en los dirigentes ni en los partidos, pero tienen que saber usarlo, porque no todo pueden ser manifestaciones en la calle, tal vez eso es demostrarlo, pero no usarlo, opina el consultor internacional Ralph Murphine.